Un relevamiento de Mumalá y el ISEPCI mostró cambios en el consumo, endeudamiento y pérdida de bienestar entre 402 personas encuestadas.
El ajuste económico también se siente en los hogares de Neuquén. Una encuesta realizada en Neuquén capital, Centenario y Plottier mostró que el 74,9% de los hogares tuvo que recortar o modificar su consumo diario, mientras que el 54,7% declaró tener deudas al momento del relevamiento. Para las organizaciones que realizaron el estudio, los números reflejan cómo la situación económica atraviesa no solo el bolsillo, sino también la alimentación, el trabajo y el bienestar físico y emocional.
El relevamiento fue realizado de manera presencial sobre 402 personas, entre fines de mayo y julio de 2026, mediante formularios en papel y dispositivos electrónicos. El informe fue elaborado por Mumalá, a través de su Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos”, en articulación con el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI). La encuesta analizó siete dimensiones: consumo, alimentación, trabajo y remuneración, endeudamiento, bienestar psicofísico, tareas de cuidado y percepción de la situación económica.
Gladys Aballay, integrante de Libres del Sur, explicó que la iniciativa surgió de la necesidad de transformar en datos una preocupación que ya observaban en los barrios y distintos sectores sociales. “Teníamos la idea de que las medidas económicas de este gobierno nacional tenían un impacto en la vida de las mujeres y disidencias y no nos quisimos quedar con una sensación, sino que queríamos tenerla en estadísticas, en estudios”, señaló en Radio Calf.
Según detalló, las entrevistas fueron cara a cara y buscaron abarcar diferentes realidades económicas. La muestra no estuvo concentrada únicamente en sectores de menores ingresos, sino que incluyó también a trabajadoras, profesionales y estudiantes.
El consumo fue el primer ajuste
Uno de los datos más fuertes del informe aparece en los cambios que realizaron los hogares para poder sostener sus gastos cotidianos. El 74,9% reconoció haber hecho ajustes o recortes en su consumo diario, mientras que el 69,2% señaló que directamente dejó de realizar determinados gastos o actividades por motivos económicos.
Aballay explicó que el tipo de recorte varía de acuerdo con la situación económica de cada familia. En los hogares con mayores ingresos, contó, aparecen modificaciones vinculadas con las vacaciones, el ocio, el gimnasio, las actividades físicas, las propuestas culturales o la compra de alimentos de primeras marcas.
En los sectores de menores ingresos, en cambio, el ajuste llega directamente a la mesa familiar. “La modificación del consumo tenía que ver con los alimentos”, explicó, y mencionó entre los productos que más se recortan la carne, las verduras y los lácteos.
El propio informe confirma esa situación: el 53,5% de los hogares declaró haber reducido tanto la calidad como la cantidad de los alimentos adquiridos. Otro 12,9% redujo solamente la calidad y un 9,2% solamente la cantidad.
Pero además aparece un dato todavía más delicado: el 40,3% de las personas encuestadas indicó que algún integrante de su familia tuvo que saltear una comida por falta de dinero durante los seis meses previos al relevamiento.
Más de la mitad tiene deudas
El endeudamiento es otro de los puntos centrales del estudio. El 54,7% de las personas encuestadas declaró tener deudas, frente a un 42,8% que aseguró no tenerlas. El informe remarca que, de esta manera, el endeudamiento alcanza a más de la mitad de los hogares relevados en Neuquén, Centenario y Plottier.
Aballay contó que las deudas no necesariamente están relacionadas con la compra de bienes de alto valor. Por el contrario, muchas familias recurren al crédito para poder cubrir necesidades básicas. “Este endeudamiento tiene que ver con gastos cotidianos, no tiene que ver con que se endeudó para hacer una gran compra, sino que tiene que ver con medicamentos, alimentos, indumentaria o para pagar otro préstamo”, describió.
Entre las herramientas utilizadas aparecen las tarjetas de crédito, las billeteras virtuales, préstamos familiares y otras formas de financiamiento. También relató situaciones de personas que acumulan facturas de servicios y van pagando de acuerdo con sus posibilidades: “Tenemos las boletas de luz y gas atrasadas, vamos pagando la que podemos”.
Trabajar más para llegar a fin de mes
El problema de los ingresos también aparece reflejado en la encuesta. El tramo más frecuente de ingresos mensuales de los hogares relevados fue el de menos de $700.000, con el 38,6%. Le siguieron los hogares con ingresos de entre $700.001 y $1.200.000, con el 22,2%, y aquellos entre $1.200.001 y $1.800.000, con el 13,7%.
Además, el 29,4% declaró haber perdido su empleo o su principal fuente de ingresos durante los seis meses anteriores. Dentro del grupo que tenía ingresos por trabajo remunerado, el 55,1% afirmó que tuvo que sumar alguna actividad adicional para conseguir más dinero. En ese mismo grupo, el 23,1% tenía dos trabajos, el 6,4% tres y el 1,3% más de tres.
Aballay describió esta situación como pluriempleo: personas que, por ejemplo, tienen un trabajo durante la mañana y durante la tarde buscan otra actividad para completar sus ingresos.
El informe también muestra que el esfuerzo adicional tiene consecuencias sobre otros aspectos de la vida cotidiana. La propia investigación señala que sumar actividades para generar ingresos resta tiempo al ocio, al deporte e incluso a la educación.
Neuquén tampoco queda al margen
Para Aballay, los resultados cuestionan la idea de que Neuquén pueda mantenerse aislada de la situación económica nacional por sus niveles de actividad y de ingresos. “Más allá de que Neuquén se quiera vender como una isla, como una provincia que no está afectada por las políticas del Gobierno nacional, claro que sí, claro que está afectada. Neuquén es parte de un país y de un gobierno nacional”, sostuvo.
El informe también sostiene que el impacto económico se traduce en recortes de alimentos, medicamentos, servicios e indumentaria y describe estrategias familiares para conseguir precios más bajos, como recorrer distintos comercios o reducir gastos de transporte.
La situación se vuelve todavía más compleja cuando se tiene en cuenta el costo de vida de Neuquén. Aballay planteó que, aunque determinados ingresos puedan ser superiores a los de otras provincias, también son más elevados los alquileres, los alimentos y otros gastos cotidianos, por lo que el salario no necesariamente alcanza para cubrir las necesidades de una familia.
El costo también se siente en la salud y el descanso
La encuesta no se limitó a medir ingresos y deudas. También preguntó cómo la situación económica repercute sobre el bienestar psicofísico. El resultado fue contundente: el 76,1% afirmó que las preocupaciones económicas afectan su descanso o sueño, mientras que el 84,1% manifestó haber experimentado algún grado de síntomas físicos asociados al estrés, como dolores de cabeza, tensión muscular o insomnio.
A su vez, más de siete de cada diez personas consultadas dijeron haberse sentido desbordadas emocionalmente con algún grado de frecuencia durante las semanas previas al relevamiento. “Claramente, las políticas económicas de recorte a nivel nacional tienen un impacto en la vida de las mujeres que tiene que ver no solamente con la cuestión económica, sino con la psicológica y la física”, afirmó Aballay.
A la necesidad de conseguir más ingresos se suma la responsabilidad sobre las tareas domésticas. El relevamiento mostró que el 48,8% de las personas encuestadas afirmó que siempre es quien se hace cargo de la mayoría de las tareas del hogar. Otro 19,2% respondió que lo hace a veces y un 18,7% frecuentemente. Además, el 46% declaró tener personas a cargo económicamente.
Para Aballay, la combinación de endeudamiento, más horas de trabajo y responsabilidades domésticas deja cada vez menos margen para otras actividades. El resultado, sostuvo, es una vida cotidiana marcada por la preocupación y el cansancio.
El informe de Mumalá e ISEPCI resume ese escenario con una conclusión central: los datos relevados en Neuquén, Centenario y Plottier muestran un deterioro en las condiciones de vida de las mujeres y personas LGBTTINB+, con ajustes en el consumo, dificultades alimentarias, mayor necesidad de generar ingresos y consecuencias sobre el bienestar físico y emocional.
Y hay otro dato que completa la fotografía: el 79,1% considera que la situación económica actual limita sus proyectos personales, mientras que el 48% siente que su situación económica está peor que seis meses atrás.
Para Aballay, frente a este escenario, una de las principales necesidades es la generación de puestos de trabajo con ingresos suficientes para afrontar el costo de vida neuquino, especialmente para mujeres y disidencias. “No alcanza con tener un solo empleo”, planteó al explicar por qué una parte de las encuestadas se ve obligada a sumar actividades para sostener su hogar.
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