El Elvis neuquino: los bailes en los clubes, la furia de Los Watussi, el boom de Los Americanos y el jopo que conquistó al Valle
De las tertulias y bailes en el mítico club Pacífico a la inauguración de Canal 7. Rubén Rodríguez y un recorrido íntimo por la edad de oro de la música local que sacudía a todos los neuquinos en los ’60 y ‘70.
Todos esperaban el baile de los sábados, hacían sus preparativos y aguardaban la noche del gran encuentro en un Neuquén donde la mayoría se conocía con todo el mundo. Un territorio en el que los bailes en los clubes tenían un espíritu único. Los Watussi y Los Americanos fueron dos de los grandes exponentes durante los años 60 y 70, agitando una época de oro de la que formaron parte muchas otras agrupaciones.
Rubén Rodríguez fue uno de los grandes protagonistas que tocó en ambas bandas neuquinas. Con apenas 16 años comenzó su vida musical, mientras de forma paralela trabajaba en la histórica tienda La Porteña, situada sobre la calle Sarmiento.
"En 1963 se formaron Los Watussi, integrados por Mario en batería y Carlos Giménez en bajo, Omar Bazano en primera guitarra, Omar Delvas en tumbadoras (hoy reconocido comerciante), Aníbal Campillo y Sammy Salas en voz, y el Negro Chandía. Yo tocaba la guitarra y tiempo después pasé al bajo", recuerda Rubén.
La banda tuvo sus primeras horas de vuelo en la casa de los hermanos Giménez, donde ensayaban sin descanso. Con el tiempo, Mario se transformaría en uno de los grandes músicos de jazz de la región, reconocido incluso por Rubén Rada, a quien acompañó en escena en sus presentaciones en Neuquén.
Las tertulias en el club Progreso de General Roca -además de las que se hacían en Neuquén capital, con alguna que otra presentación en el primer piso del Teatro Español, el colegio Don Bosco y los históricos bailes en el club Barrio Nuevo y Pacífico- fueron los escenarios ineludibles para Los Watussi.
"Las tertulias comenzaban a las 8 de la tarde y se extendían hasta las 12 o un poco más. El más importante era Pacífico. Un salón hermoso. Barrio Nuevo también explotaba de gente", sostiene Rubén. "Tocábamos en todos lados. Venía a vernos gente de todo el Valle. La gente nos seguía a Cipolletti, Cutral Co, Roca, Zapala". Hasta el viejo auditorio de radio LU5, sobre la calle Santa Fe, sirvió para que los vecinos adoptaran a la banda como propia.
Histórica inauguración
En esa etapa, el grupo se despachaba en cada fiesta haciendo versiones de los éxitos del momento: "Hacíamos lo que estaba de moda. Había una fuerte influencia de cumbias colombianas, música tropical y temas de Trini López".
La popularidad de Los Watussi iba en alza y por eso fueron elegidos para ser parte de la inauguración de Canal 7 Neuquén. "Fue en 1965. La emisora se ubicaba sobre la Ruta 22, a metros de lo que era Walmart (actualmente ChangoMás). Casi pegados a una farmacia que se ubica sobre Perticone y Saturnino Torres".
"Casi todos los operadores del canal trabajaban en radio LU5. Una de las grandes figuras era Milton Aguilar, locutor, periodista, recitador y poeta neuquino nacido en Bajada del Agrio. Él después fue nuestro presentador y animador", destaca.
"Años atrás, Milton también hizo un programa que se llamaba ‘Actúe usted’, en el club Independiente, que tenía su sede en la calle Carlos H. Rodríguez, a mitad de cuadra. Participamos con mi hermano".
El nacimiento del Elvis neuquino
En la década del ’60, a miles de kilómetros de la Patagonia, un tal Elvis Presley agigantaba su figura con éxitos como "Heartbreak Hotel", "Jailhouse Rock" y "Suspicious Minds", mientras el cine se rendía a sus pies. Ante semejante repercusión, Omar Bazán tuvo la chispa justa para que Neuquén también tuviera a su propio ícono.
“Comencé a estudiar música con Bazano. A mí me faltaba mucho para salir a tocar, pero Omar era muy ‘bicho’; como en esa época decían que me parecía a Elvis, habló con el Negro Giménez y decidieron mandarme al frente del escenario con la guitarra”, recordó entre risas.
Cuando uno ve a simple vista una foto de Rubén Rodríguez en plena juventud, con la guitarra al cuello, la imagen de Elvis se traduce de inmediato: “Pasé a llamarme Elvis. Todo el mundo me llamaba así. Y hasta el día de hoy me recuerdan de esa manera”.
¿Cómo reaccionaba la platea femenina ante semejante carisma? Rubén sonríe y prefiere la prudencia, aunque admite: “Y bueno… Tenía más oportunidades de conquista”. Y confiesa, de nuevo entre risas: “A veces me pedían autógrafos y también fotos”. Rubén se casó con Mirtha y tuvo tres hijos (Martín, Valeria y Maximiliano). Hace 56 años residen en el barrio Provincias Unidas, ex barrio Comercio.
El pase y el boom de Los Americanos
Con esa chapa de estrella internacional, Rodríguez dejó a Los Watussi tras cuatro años y pasó a integrar Los Americanos, formación creada en 1963 por Ángel y Julio De Caro, un grupo que dejaría marcado a fuego al menos a tres generaciones de neuquinos. "Ingresé cuando tenía 20 años. Ellos ya venían tocando, con Ángel De Caro como director y un gran músico. Se completaba con su hermano Julio en batería, Raúl ‘Cuervo’ Coronel en guitarra, Sammy Salas, Raúl Rúa y Julio Andino en voz".
"Aníbal Campillo, Mario Zúñiga, Luis Apignanesi y Luis Funes también fueron parte; pasaron varios músicos por Los Americanos", repasa Rubén, y agrega un dato entrañable: "Muchos neuquinos recuerdan a Ángel porque además fue profesor de piano, guitarra y acordeón".
El circuito de escenarios era similar al de su etapa anterior, aunque la convocatoria era aún mayor. A partir del ’68, compartían la escena con otras grandes bandas de la zona: Los Diabólicos de Zapala (dirigidos por un joven Raúl Di Blasio, quien en los ’80 sería apodado ‘El Piano de América’), El Cholo Perego y su orquesta Los Ángeles en Cipolletti, Los Vikin’s de Cutral Co, Sonido 5, Horacio y su conjunto de Allen, Los Universales, la Típica Splendid, la Copacabana Jazz Band y la Típica Orozco.
"Con Los Americanos tocábamos de todo: música tropical, pasodobles, rancheras, tangos y hasta música italiana. Íbamos enganchando los distintos géneros", desliza.
A medida que desanda los recuerdos de ese tiempo imborrable, se detiene en una postal clásica que solo quienes vivieron aquellos años pueden dimensionar: "Cuando tocábamos en Pacífico y el baile estaba bien caliente, arriba, Ángel se ponía el acordeón, bajábamos del escenario -todos con algún instrumento- y sacábamos a la gente afuera", rememora.
"La gente se tomaba de la cintura, armaba el clásico trencito, le hacíamos dar la vuelta a la plaza Ministro González y volvíamos al salón. Eso siempre se armaba para los carnavales".
El show de Los Americanos tenía cuatro o cinco entradas y se extendía hasta las 6 de la madrugada. Cada set duraba una hora, intercalado por un descanso de 15 minutos. "En los bailes de Pacífico siempre se podían hacer reservas de mesas. Se llenaba todo, entraban unas 400 o 500 personas. Se movía todo Neuquén, el Valle".
Cheques en blanco, el Llao Llao y el maestro Pugliese
No había fines de semana de descanso. El furor por el grupo era tal que, para las fiestas de fin de año, los petroleros contrataban a Los Americanos con un año de anticipación. "Una locura si ahora te ponés a pensar detenidamente. En ese tiempo íbamos a Catriel por puro camino de tierra, imagínate".
"Cuando terminaba el baile ya nos ofrecían otro contrato. Se ponía la fecha y el número se dejaba en blanco. No se ponía precio hasta que se acercaba la fecha del show", detalla, reconociendo que el dinero que percibía le bastaba holgadamente para cubrir los gastos de todo el mes. "Se pagaba bien".
Otra actuación que rescata con orgullo es la que realizaron en el imponente Hotel Llao Llao de Bariloche. "Fuimos contratados para el ‘Brasiloche’, una fiesta brasileña que tenía una sola batucada. Tocar en el Llao Llao fue una cosa de locos, un nivel tremendo. Hasta nos hospedaron ahí".
En su trayectoria, Los Americanos se codearon con grandes íconos de la música popular argentina. Rubén recuerda el orgullo de haber sido teloneros de figuras de renombre: "Tuvimos la suerte de ser soporte de Los Wawancó, Los Iracundos, Sergio Denis, Juan D'Arienzo, el maestro Osvaldo Pugliese, el Grupo Uno y La Charanga del Caribe".
Una década y una partida fina
Después de diez años junto a Los Americanos, Rubén sintió que era hora de cerrar una etapa. "Me sentí un poco cansado y me costaba sostener el ritmo de la noche. Me fui en el año ochenta".
La partida de Ángel de Caro dejó un vacío enorme y la banda paró durante un tiempo ante la dolorosa pérdida de su director. Sin embargo, tuvo una segunda vida: "Se rearmó para una segunda etapa con Julio a la cabeza y nuevos integrantes como Carla Giménez en voz y Ana Dinolfo en teclados".
Sin embargo, los tiempos habían cambiado. "Nos dimos cuenta de que la gente ya no tenía las mismas ganas que en otras épocas. Preferían otro tipo de cumbia y música tropical. El gusto popular era otro", confiesa.
Los Americanos dejaron de subir a escena en septiembre de 1992, escribiendo el punto final de una página dorada de la historia neuquina. Hoy, en su casa de la calle Borlenghi, Rubén Rodríguez sigue sintiendo la música muy cerca. A los 78 años, y tras haber retomado la guitarra hace un par de tiempo para "volver a mover los dedos", de vez en cuando se permite cerrar los ojos y regresar, aunque sea por un instante, a esos bailes inolvidables que lo transformaron para siempre en el Elvis neuquino.
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