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Se casaron pobres, se volvieron millonarios y tras la separación se descubrió que él era dueño de todo

La mujer no tenía acceso a una cuenta bancaria ni a una tarjeta de crédito, nunca pudo desarrollarse profesionalmente, vivía en una “cárcel de cristal” relató.

Se casaron siendo apenas adolescentes y juntos construyeron una familia y una gran fortuna. Durante 28 años, tuvieron seis hijos y lograron obtener un patrimonio envidiable: campos con regalías petroleras, varias propiedades, comercios y una impresionante flota de vehículos.

Cuando la relación llegó a su fin, quedó en evidencia una desigualdad que se había gestado en silencio: “El señor es dueño de todo y la señora no es dueña de nada”. Así lo determinó una jueza de Familia de Roca al analizar el caso y dictar una sentencia que ordenó una compensación económica para la mujer.

A sus 53 años, tras la separación, se encontraba sin trabajo, sin aportes jubilatorios y con escasas posibilidades de reinserción laboral. La justicia concluyó que, a pesar de haber dedicado su vida al cuidado de los hijos, familiares y al manejo de negocios, nunca tuvo acceso real al patrimonio generado en pareja.

Según la sentencia, el hombre figura como propietario de 8.000 hectáreas de tierras con regalías petroleras, múltiples viviendas y 14 vehículos. Pero ninguno de esos bienes había sido registrado a nombre de la mujer, a pesar de que su rol fue clave en el crecimiento económico de la familia.

Una vida de dependencia económica y violencia invisible

En su demanda, la mujer explicó que nunca pudo desarrollarse profesionalmente ni tener independencia financiera. Relató que vivió en una “cárcel de cristal”, donde si bien tenía cubiertas sus necesidades básicas, dependía por completo de su esposo. No tenía acceso a una cuenta bancaria ni a una tarjeta de crédito, lo que la dejaba sin autonomía para gestionar sus propios gastos.

Uno de los puntos centrales del fallo fue la pericia psicológica, que confirmó que la mujer fue víctima de violencia de género económica y emocional. La jueza destacó que la desigualdad no solo se reflejaba en la distribución del patrimonio, sino en la imposibilidad de la mujer para desarrollarse personal y profesionalmente.

El fallo que busca equilibrar la balanza

La sentencia estableció que el hombre deberá pagarle a su exesposa una compensación económica equivalente al 20% de sus ingresos durante los próximos 23 años, con un mínimo garantizado de tres salarios mínimos mensuales.

“La compensación económica es un mecanismo corrector del perjuicio patrimonial que la ruptura de la vida en común puede causar a uno de los miembros de la pareja”, explicó la jueza. Su objetivo, según detalló, es permitir que la mujer pueda reconstruir su vida y acceder a nuevas oportunidades, incluso a una futura jubilación.

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