La Justicia tasó a los cuatro ejemplares. Qué pasa con el resto de los ejemplares que hay en el predio.
El cierre del Aquarium en Mar del Plata sumó un nuevo capítulo que generó polémica, ya que pusieron a la venta cuatro pingüinos. Tras la quiebra de Plunimar S.A., la empresa que gestionaba el complejo, más de 60 animales quedaron bajo la órbita de la Justicia, que tiene la obligación de definir su destino.
La situación del parque, que funcionaba desde el año 1993 en un predio de nueve hectáreas, propiedad de la familia heredera de los fundadores Peralta Ramos, se convirtió en un complejo panorama judicial.
En ese marco, la sindicatura presentó un informe en el que asignó un valor concreto a cuatro de esos animales: los pingüinos saltarines, tasados en USD 40.000.
El monto fue incorporado al cálculo de los activos de Plunimar, la sociedad que explotaba el Aquarium, bajo la hipótesis de que los ejemplares puedan ser vendidos en el exterior. Si esa operación finalmente no se concreta, el importe deberá descontarse del activo de la quiebra. La valuación no significa que exista una venta cerrada.
Los cuatro ejemplares en cuestión son de la especie Eudyptes chrysocome, conocidos popularmente como saltarrocas. La sindicatura, encabezada por Andrea Alejandra Hoff, los valuó en $56,8 millones en pesos, cifra que equivale a USD 40.000 al tipo de cambio de $1.420 utilizado en el documento.
Por el momento no existe ninguna operación cerrada ni un comprador identificado. Los cuatro pingüinos tienen precio sobre el papel, pero su destino concreto sigue sin resolverse.
El último inventario realizado a los animales del parque temático, muestra que todavía hay 59 pingüinos dentro de las instalaciones: 53 magallánicos, dos rey y cuatro saltarines.
El cuidado de los animales implica un grupo de 12 empleados que mantiene la rutina de los pingüinos que permanecen en el predio: los alimentan, controlan su salud y garantizan la seguridad del lugar. Sostener esa estructura tiene un costo mensual que ronda los $54,8 millones, según las estimaciones presentadas ante el juez Malde.
El presidente de Fundación Fauna Argentina, Juan Lorenzani, sigue de cerca lo que pasa en el histórico acuario marplatense. En diálogo con TN, cuestionó que animales silvestres puedan quedar alcanzados por un proceso de quiebra. "Está prohibida la venta y comercialización de especies silvestres en nuestro país", sostuvo.
Según explicó, desde la Fundación presentaron un pedido ante la Fiscalía para cuestionar la situación de los animales dentro de la sindicatura. El planteo no avanzó y ahora anticiparon que insistirán con nuevas presentaciones.
La compleja situación judicial detrás de los pingüinos
En abril, el expediente había previsto que 56 pingüinos magallánicos fueran donados a la Fundación Bubalcó, mientras que los dos ejemplares rey y los cuatro saltarines quedaban bajo análisis ante la posibilidad de una operación internacional. Antes de llegar a esta instancia también hubo distintos intentos de comercialización.
Durante 2025, una empresa mexicana había ofrecido u$s750.000 por la totalidad de los pingüinos, mientras que posteriormente una firma china presentó una propuesta de u$s950.000 por 62 ejemplares. También había aparecido una oferta desde Brasil por u$s250.000 por un lote parcial. Ninguna de esas operaciones llegó a concretarse.
Ahora, el expediente vuelve a poner una cifra sobre una parte del plantel: u$s40.000 por los cuatro pingüinos saltarines. El resto continúa dentro de las instalaciones y sin un valor económico incorporado al patrimonio.
El antecedente de traslado de delfines de Aquarium a Egipto
A fines de 2025, diez delfines nariz de botella que pertenecían al Aquarium fueron vendidos y trasladados a Egipto por 800.000 dólares.
En esta situación, según explicó Lorenzani, es diferente ya que la situación legal es diferente de la de los pingüinos porque se trata de animales que llegaron desde el Caribe.
Cada ejemplar viajó en cajas especiales con agua y con veterinarios a bordo durante todo el trayecto. Ese dinero se usó para pagar sueldos y sostener el cuidado del resto de los animales.
También hubo otras reubicaciones. Los lobos marinos que permanecían en el complejo fueron posteriormente trasladados a Mundo Marino, mientras distintos ejemplares de otras especies terminaron en instituciones como Temaikén, Bioparque Batán y otros centros.
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